El debate que RD merece de cara al 2028
Por Rosanna Barrera
Con miras al 2028, la ciudadanía parece mirar más allá de las aspiraciones políticas y concentrarse en las soluciones que el país necesita. ¿Quién está verdaderamente preparado para responder a los desafíos nacionales de los próximos años?
La carrera presidencial de 2028 no ha comenzado oficialmente. Ningún partido político ha escogido a su candidato a la presidencia y todavía faltan años para que los dominicanos vuelvan a las urnas.
Sin embargo, el escenario político nacional ya comienza a definirse.
Como suele ocurrir en la República Dominicana, los movimientos políticos empiezan mucho antes de los plazos establecidos para las campañas oficiales. Nuevas variables han comenzado a modificar escenarios que hasta hace poco parecían previsibles y eso obliga a observar con atención el panorama que se está configurando con miras al próximo proceso electoral.
Pero mientras la política comienza a reorganizarse, vale la pena hacer una invitación a la ciudadanía:
«Los dominicanos queremos respuestas.»
Porque más allá de los nombres que eventualmente aparecerán en las boletas electorales, la República Dominicana continúa enfrentando desafíos que requieren atención permanente.
La educación, la salud, la seguridad ciudadana, la calidad de los servicios públicos, la transparencia institucional, la eficiencia del Estado y, por supuesto, la lucha contra la corrupción administrativa continúan ocupando un lugar central entre las principales preocupaciones de la población dominicana. La ciudadanía tiene derecho a exigir que cada peso proveniente de sus impuestos sea administrado con responsabilidad, eficiencia y visión de futuro.
Y quizás ahí reside una de las mayores diferencias entre los procesos electorales del pasado y los que están por venir. Cada vez más ciudadanos parecen dispuestos a evaluar menos los nombres y más los resultados. No importa quién aspire, quién encabece una boleta o quién ocupe los titulares. Al final, cada elector deberá preguntarse si sus principales preocupaciones han encontrado respuesta y quién le ofrece mayores garantías de enfrentar con eficacia los desafíos que siguen pendientes.
A ello se suma la violencia contra las mujeres, una problemática que continúa arrebatando vidas y destruyendo familias.
Las mujeres representan más de la mitad del electorado nacional y tienen pleno derecho a preguntarse cuáles actores políticos están dispuestos a asumir con seriedad una realidad que, con demasiada frecuencia, permanece ausente de los grandes debates públicos.
Por eso, la discusión de cara al 2028 debería ser mucho más profunda que una simple competencia de popularidad.
Los ciudadanos tienen derecho a conocer quiénes aspiran a gobernar con visión para el país, cómo piensan enfrentar los principales problemas nacionales y qué experiencia han acumulado en el ejercicio de responsabilidades públicas.
La República Dominicana necesita una conversación centrada en soluciones, buena gerencia, capacidad de ejecución y compromiso con el servicio público.
Quienes ocupan posiciones de poder administran recursos que pertenecen a todos los dominicanos. Por eso, la esencia de la función pública consiste en servir a la ciudadanía, rendir cuentas y actuar con transparencia en el manejo de los recursos que provienen del pago de los impuestos.
Al final, la pregunta importante no es quién habla mejor.
La pregunta importante es quién ejecuta mejor, quién gerencia mejor y quién puede exhibir resultados concretos como respuestas a la ciudadanía, no promesas.
Como bien enseña la sabiduría popular, el buen esposo lo demuestra desde el noviazgo.
Lo mismo ocurre con quienes aspiran a dirigir los destinos nacionales.
Antes de pedir la confianza de un país, primero hay que demostrar, con hechos, la capacidad de servirle y contribuir al fortalecimiento de una nación que todavía enfrenta importantes retos para avanzar hacia mayores niveles de desarrollo, institucionalidad y bienestar para todos.
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